Fotografía del alma

Desde que el hombre ha tenido conocimiento de si mismo, se ha hecho siempre la misma pregunta:  “¿Que nos espera después de dejar esta vida?”
Se ha investigado sobre este aspecto durante un sinfín de años, sin obtener respuesta alguna. Hablaremos de investigaciones por parte de estudiosos desde hace varios siglos atrás, de sus técnicas para poder inmortalizar y analizar el crudo momento del óbito.

En esta entrada no adjuntamos ninguna imagen que pueda herir la sensibilidad de nuestros lectores.

Todo comienza con la aparición de la fotografía a mediados del siglo XIX. En aquella época los ciudadanos no tenían mucho dinero, y menos aún para pagar el novedoso sistema de capturar imágenes. Aun así en algunas ocasiones, cuando había un fallecimiento en la familia, esta se molestaba en llevar el cuerpo velado hasta un taller donde lo inmortalizaban, evitando así que cayese en el olvido.

A pesar de ser una práctica muy macabra, en aquella época estaba bien visto, incluso la Iglesia no puso objeción a esta “moda” que estuvo varios años en auge. ¿Por qué se hacia esto? Vamos a poner un ejemplo:

  • ¿Cuantos de nuestros lectores tienen fotos de sus padres? Seguramente todos, de esas viejas cámaras de carrete. 
  • ¿Cuantos tienen fotos de sus abuelos? Aquí la mayoría contestará negativamente.
  • ¿Cuantos tiene fotos de sus bisabuelos? Un “No” mas generalizado, ¿Verdad?.

Tendremos que pensar con la mentalidad de aquel entonces; mentalidad al fin y al cabo no tan distinta a la actual, puesto que, no deja de ser un modo de rendir culto y demostrar afecto a nuestros seres queridos; no deja de ser una forma de rememorar los momentos vividos con aquella persona; no deja de ser amor. Deja sin aliento pensar en tal forma de recuerdo, pero todos sabemos que la muerte de un ser querido no es fácil, y debemos tener una forma de recordarlo, ya sea mas o menos “bonita” de ver.

Entrando ahora en el maravilloso mundo de la investigación, nos encontramos con unos fotógrafos con distintas finalidades, fotógrafos que tenían el afán de inmortalizar la muerte con otro propósito: dar fe de la existencia del alma.

El cúlmen de estas investigaciones llega sobre 1930, donde un matrimonio ruso, los Kirlian, crearon un sistema para poder ver el aura de los seres vivos. Este método fue, para los mas especuladores, la forma más clara de poder ver el alma humana. La científica metafísica Nona Coxhead recoge en su libro “Los Poderes de la Mente”, lo siguiente:

soul-leaving-body

“De los innumerables experimentos con plantas, animales y seres humanos, emergió una teoría. [Los científicos] decidieron que la energía que rodeaba a los organismos vivos estaba compuesta de electrones, protones y quizás otras partículas ionizadas y en estado de excitación. No se trataba de un caos sino de una unidad autosuficiente, un cuerpo de energía… Aquello podía ser la explicación científica del aura o “cuerpo etéreo”. Se especuló con la posible utilización del método para ampliar nuestro conocimiento del universo, para el diagnóstico médico precoz, especialmente del cáncer… y para muchos otros fines.”

En resumen, no podemos dar una respuesta clara ni a la existencia del alma ni a la existencia de otro tipo de vida una vez nos marchemos de la actual. Lo que si podemos decir, es que hay que aprovechar al máximo el tiempo que se nos ha dado, y debemos utilizarlo sabiamente, dando amor y cariño a nuestros seres queridos, amistad a nuestros amigos y paz a los que nos intentan dar guerra, pues nunca sabremos cuando llega el momento de decir adiós…

Fuentes: Wikipedia.

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