Leyendas japonesas ¿El mayor gesto de lealtad? (relato ficción)

No sabemos hasta qué punto lo que vamos a contar es un relato, una leyenda, o sucedió de verdad. En un comic estilo manga del célebre autor Hiroshi Hirata (1937, Shizoka – Japón) llamado Héroes Anónimos encontramos una serie de historias, algunas que sucedieron y pasaron a engrosar los libros de historia japonesa, y otras cuya realidad no hemos encontrado. Hoy os vamos a contar una de esas historias.

[En el tomo que hemos mencionado se llama “La medicina milagrosa”. Podéis obtenerlo haciendo click en el siguiente enlace: Universo Comics – tienda online ]

Corría el siglo XVII en el japón de los samurais y los señores feudales. Ante la vejez y la enfermedad de su padre, a Dayû

Portada del manga de Hiroshi Hirata

Portada del manga de Hiroshi Hirata

Sakyô le comunicaron que era su turno para gobernar, a lo que éste se negó. Era un tipo algo raro que desde pequeño sufría terribles ataques de ira y enajenación mental, además él no quería atarse a las responsabilidades de gobernar.

Casi a la fuerza le llevaron al palacio donde enfadado, hirió con su katana a uno de sus vasallos. Ante esto, nuestro protagonista Mondo Suganuma (otro vasallo) reprendió a su señor zarandeándole e incluso abofeteándole. Le dijo que no podía tratar así a sus vasallos. Pero esto no podía quedar así, porque en el Japón de aquella época, semejante acto de atentar contra la autoridad estaba pagado con la muerte.

Ante esta situación, Mondo sacó su arma para suicidarse. Dayû le detiene, porque quería pensar un castigo adecuado, mas lo que realmente le sucedía es que no quería matarlo, porque había mucha verdad en la bronca que recibió por parte de Mondo, el cual estuvo vigilado durante días mientras su señor pensaba.

Un día, Mondo se escapó del palacio y se fue a peregrinar a un templo para rezar en busca de ayuda. Lo que él quería era una cura para los ataques de enajenación de su amo. Dayû por su parte mandó una partida de espadachines para buscar, vigilar e informar de la situación del fugado.

Tras varias jornadas de rezos y reflexión un anciano le dijo que la solución era darle de comer carne humana. Mondo salió corriendo hacia palacio. Con médicos y monjes hizo los preparativos, pues como no apareció ningún voluntario, él mismo ofreció su carne.

Finalmente, mandaron llevar al colérico Dayû y, con sake sagrado, Mondo le hizo ingerir trozos crudos de su propia carne ante el shock de los allí presentes (incluido su amo, que no quería ingerirla).

Sea como fuere, Dayû Sakyô no volvió a tener ataques de locura, y fue un magnifico gobernante por muchos años.

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