Aislados del mundo

Todos nos hemos sentido alguna vez rechazados por lo que nos rodea. De niños, se han reído de nosotros, creando una brecha de desconfianza que repercutirá cuando seamos adultos. Buscamos un apoyo que nada ni nadie puede aportar. Imbuirse en nuestros pensamientos, apartándonos de los demás, no es nuevo, y ahora más que nunca es un fenómeno estudiado. Hablamos de los Hikikomoris.

Este fenómeno nació principalmente en Japón, debido a la alta concentración de habitantes por metro cuadrado. En esta sociedad tan estratificada y basada en la excelencia, no hay cabida para un ciudadano menos aplicado. Casi el 90% de los jóvenes  universitarios o estudiantes que sufrieron en su infancia el llamado ahora Bulling, han optado por una nueva forma de llevar a cabo el día a día. Ya no estudian, han dejado la universidad, han dejado atrás todas su amistades, ya no las necesitan. Sólo se necesitan a ellos mismos, su espacio personal, único e impenetrable.

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Se ha descubierto que trastornos como la agorafobia o fobia social son algunos de los síntomas que presenta el Hikikomori. Aunque esto empieza a suceder de forma tímida, en el momento en el que directamente el joven no sale de su habitación, nos encontramos con este fenómeno.

En la mayoría de los casos, los jóvenes orientales no salen de su zona privada, comúnmente su habitación, pero puede darse también otra habitación de la casa, o un armario. En su espacio tiene todo lo que necesita: televisión, videoconsola, internet… Entendemos que, aunque suene irónico, para tener un contacto con el exterior, pero se han dado ocasiones en las que los

Hikikomoris también rechazan esto, llegando únicamente a estar quietos, en un rincón, con la mirada perdida, utilizando solo su imaginación como puerta de escape.

Si hablamos de la relación con la familia, los Hikikomoris han supuesto un problema en la estructura familiar. Debido a su condición social de enfermedad, se llega al punto en el que los propios padres reniegan de sus hijos. El padre deja todo el problema a la madre, siempre mas cariñosa con sus hijos, pero esto también puede llegar a agravar el problema: las madres acaban pensando que el problema “se irá solo, con el tiempo”.

En una entrevista ofrecida al portal yorokobu.es, tenemos a Gomacha, un Hikikomori, cuyas pequeñas declaraciones dan una gran idea de este mundo.

“Me levanto. Veo vídeos en YouTube. A veces hablo con amigos por videoconferencia. Chateo. Leo cómics. Veo películas. Muchas películas”

También habla de sus relaciones, entre sus amigos Hikikomoris. Incluso nos cuenta la relación con su novia.

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“Se llama Chihiro. Bueno, no es su nombre real, pero así la llamé un día en broma y así se ha quedado. Estamos muy enamorados. Admiro mucho lo que hace y a ella le encanta lo que yo hago. Hablamos todo el día y casi todos los días”.

“Si estás pensando en dejarlo, ellos te animan para seguir siendo Hikikomori. Están orgullosos de serlo. Hay incluso personas que son estrellas dentro de la comunidad y tienen sus propios programas en YouTube”, explica. “A veces estoy a gusto en ese mundo. A veces lo detesto”

Terrible seria la palabra adecuada para describir esta forma de vida. Vemos sus motivos para hacerlo, pero no vemos las razones para evitarlo. Parece que quieren terminar, simplemente, en el olvido. Dejamos, como ultima frase, las palabras de un Hikikomori:

“No es que me dé miedo salir. Es que no tengo nada que me motive a salir”.

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