El Hombre-Pez de Liérganes

España puede tener sus aspectos negativos, y más ahora en tiempos de crisis,  pero algo que no se nos puede arrebatar es nuestra rica historia, con un sinfín de leyendas y de sucesos extraños. España es misterio.

Personalmente debo dar las gracias a Iker Jiménez, que en su libro Enigmas sin resolver encendió mi faro personal, que se posó en esta historia hasta el punto de llevarme a Liérganes para ver el lugar donde sucedieron estos hechos insólitos. Todo lo que hay en este artículo está dedicado a ti. Considero que es importante rescatar las leyendas de nuestro país para que los que vengan después las recojan y no se olviden. En este caso ¿qué hay de leyenda y qué hay de verdad?

Vamos a hablar de un hombre que vivió entre Cantabria y el País Vasco en el siglo XVII. Su nombre era Francisco de la Vega Casar, y desde pequeño mostró unas grandes habilidades natatorias, tanto es así que los vecinos de Liérganes se asombraban viéndole nadar en el río Miera. 

Foto de la estatua del Hombre-Pez en Liérganes. Álvaro

Foto de la estatua del Hombre-Pez en Liérganes. Álvaro

En 1672, con 16 años, Francisco se fue a trabajar a Las Arenas (Vizcaya). Por esa población pasa una ría en la que nuestro protagonista solía bañarse muy a menudo, pero un caluroso día de 1674 desapareció sin dejar rastro. Los hechos narrados por sus compañeros de faena fueron los siguientes: Francisco se quitó la ropa y se sumergió en las aguas que van a dar al mar, con la peculiaridad de que estas le arrastraron hasta ser perdido de vista por los testigos. De esta forma se le dio por desaparecido y, en contra de la opinión del pueblo de que regresaría en breves, no fue hallado hasta 1679.

Cinco años más tarde de la fatídica desaparición, Francisco apareció en Cádiz, donde unos pescadores le rescataron al ver un ser con aspecto humano a la deriva en el mar. Podemos imaginarnos la sorpresa de los marinos que vieron como una silueta grande se acercaba a su embarcación, y el posterior susto al ver que era un hombre.

Este hombre-pez fue examinado incluso por la Iglesia. En los análisis se observaron varias cosas: que a penas hablaba (su primera palabra fue “Liérganes”), piel blanquecina – translucida, cabello rojizo, y atributos propios de animales acuáticos (escamas en la espalda, membranas entre los dedos). Con todo esto ¿podemos hablar de criptozoología?

Finalmente, Francisco de la Vega, que existió en la realidad según documentos oficiales, fue trasladado de nuevo en 1680 a Liérganes donde vivió una vida triste, solitaria, silenciosa, llena de amargura durante dos años. Parece ser que echaba de menos las aguas y, entre alaridos en 1682 se sumergió en las aguas para siempre, para no volver jamás.

Iker Jiménez se embarcó años atrás en una aventura que le llevó a Santillana del Mar para obtener los documentos oficiales que probaban la existencia de este hombre. Su fusión con el medio acuático y su viaje por mar durante cinco años es una leyenda con más o menos pruebas. A nuestros lectores les recomiendo que pasen por Liérganes, un lugar con un ambiente mágico, y con esa estatua del Hombre-Pez que mira con nostalgia las aguas del Miera donde, alejado del ser humano, pudo haber vivido feliz entre peces.

Fuente:

JIMÉNEZ, Iker: Enigmas sin resolver. edicion 2006. EDAF, Madrid

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