Edward Mordrake

Muchas veces la realidad es mucho más cruda de lo que nos imaginamos. Hoy traemos una historia, quizás realidad o quizás ficción, pero que no pasa desapercibida, ni siquiera para Leyenda Cósmica.

Edward Mordrake, si es que existió de verdad, era un joven, de alta posición social, ya que era el heredero de una adinerada familia inglesa. Muy a su pesar, tenía en su joven cuerpo, un miembro extra: una cara.

Edward

Una de las pocas instantáneas dónde vemos a Edward Mordrake, aunque no es seguro que sea él

Edward convivió con una cara “extra” en la parte de atrás de su propia cabeza (Craniopagus parasiticus es el término utilizado para esta malformación). No hablaba, no comía, pero lo sorprendente era que podía sonreír y llorar. La historia cuenta que el joven Mordrake rogó a todos los científicos de la época que por favor le extirpasen esa “cabeza demoníaca”, ya que: me susurraba en un lenguaje satánico por las noches. Desgraciadamente ningún medico se atrevió a realizar tamaña operación, y Edward terminó suicidándose a la temprana edad de 23 años.

Circula en la red una curiosa historia acerca de la triste vida de Edward, aunque debemos recordar que en ningún momento existen pruebas de que esto sucediera de verdad, sólo tenemos constancia de esta “mutación” por un texto de 1986, en el libro Anomalies and Curiosities of Medicine. Incluso a la hora de investigar esta historia, se encuentran siempre los mismos textos, tanto en español como inglés. La única fotografía de Mordrake no nos da la suficiente seguridad como para decir que es él y que todo es real. El texto es el siguiente:

Una de las historias más raras así como de las más melancólicas de la deformidad humana es la de Edward Mordrake, quien iba a ser el heredero de una de las familias más nobles de Inglaterra. Sin embargo nunca reclamó el título y se suicidó a los veintitrés años. Vivía en un retiro absoluto, evitando las visitas incluso de los miembros de su familia. Era un joven de grandes conocimientos, un buen estudiante y un músico de rara habilidad.
En la parte de atrás de su cabeza había otra cara, la de una chica muy guapa, “adorable como un sueño, atroz como un demonio”. El rostro femenino era una mera máscara, “ocupando sólo una pequeña zona de la parte posterior del cráneo, aunque mostrando signos de inteligencia de aire maligno”.
Se la había visto sonriendo y burlándose mientras Mordrake lloraba. Sus ojos seguían los movimientos del espectador, y sus labios se movían sin cesar. La voz era inaudible pero Mordrake aseguraba que durante la noche no podía conciliar el sueño debido a los odiosos susurros de su “gemela diabólica” como él la llamaba, “que nunca duerme, pero que me habla de tales cosas de las que sólo se oyen en el infierno. La imaginación no puede concebir las tentaciones espantosas en las que me envuelve. Por alguna imperdonable maldad de mis antepasados estoy cosido a este demonio – porque estoy seguro que es un demonio.  Yo ruego y suplico para que lo eliminéis del mundo, aunque yo muera”.
Aunque los médicos lo vigilaban constantemente consiguió procurarse veneno, debido a lo cual murió, dejando una carta en la que pedía que la “cara demoníaca” fuera destruida antes de su funeral, “para que no continuase con sus espantosos susurros en la tumba”. Por petición propia fue enterrado en tierra baldía, sin ninguna lápida o marca que dejara constancia de su tumba.

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