Casos demoníacos (II)

Continuamos con los casos demoníacos, cada cual más extraño que el anterior ¿Os atreveís a leerlos?

David Berkowitz

En 1976, los habitantes de un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Nueva York fueron aterrorizados por un asesino en serie conocido como el “Hijo de Sam”, o “The .44 Killer”. Durante más de un año, la policía buscó sin éxito al asesino, que dejaba en cada escena del crimen una serie de notas burlonas y provocadoras. Seis personas murieron y otras siete fueron gravemente heridas en el conocido desde entonces “Summer of Sam” (El Verano de Sam).

david-berkowitzCuando el asesino fue finalmente detenido, fue identificado como David Berkowitz. Berkowitz confesó todos los crímenes y afirmó que un demonio le ordenó cometer todos los asesinatos. Por lo tanto no deberíamos hablar de posesión como tal, ya que en el juicio, Berkowitz, afirmó que el perro de su vecino estaba poseído, y le había ordenado llevar a cabo los asesinatos. Berkowitz fue condenado a seis cadenas perpetuas, y en la década de 1990 se emitió una modificación a su confesión, alegando que era miembro de una secta satánica que había orquestado los crímenes para que todo encajase  en un marco de asesinato ritual.

Arne Cheyenne Johnson

Conocido como el “juicio por el demonio asesino”, el caso de Arne Cheyenne Johnson es el primer caso judicial conocido en los Estados Unidos durante la cual la defensa intentó demostrar que el acusado no era culpable por posesión.

En 1981,  Arne Cheyenne Johnson asesinó a su casero,  Alan Bono, en Connecticut. Los abogados de Johnson argumentaron que sus acciones indicaban un patrón de comportamiento errático que había comenzado cuando Johnson era sólo un niño. La familia de Johnson había consultado con  los “demonólogos” Ed y Lorraine Warren, los cuales determinaron que el niño había sufrido burlas y acoso por entidades desconocidas la mayor parte de su vida. También afirmaron que sus actos malignos se debían a un trastorno psicológico producido por una supuesta posesión demoníaca.

En última instancia, el juez dictaminó que la posesión demoníaca no era una defensa válida contra el asesinato en primer grado. Johnson fue condenado y cumplió sólo cinco años de su condena de veinte años.

Michael Taylor

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Michael Taylor y su esposa, Christine, vivían en un pequeño pueblo de Gran Bretaña llamado Ossett. La pareja era muy religiosa, y se habían unido a un grupo de oración cristiana dirigida por Marie Robinson. En una reunión en 1974, Christine Taylor acusó a su marido y Robinson de tener una aventura. Michael Taylor negó todo, pero acto seguido comenzó a gritar obscenidades y a actuar de una forma muy errática y fuera de lugar, lo que llevó a pensar a los testigos que los que parecía poseído por el mal.

Después de meses de comportamiento loco, Taylor finalmente consultó con el clero, que decidió  realizarle un exorcismo. El exorcismo duró más de veinticuatro horas, y los sacerdotes implicados afirmaron haber quitado cuarenta demonios del cuerpo del hombre. Sin embargo, antes de irse, los sacerdotes le advirtieron que el demonio de asesinato permanecía aún latente en su alma.

Tan pronto como Taylor llegó a su casa, asesinó brutalmente a su esposa y su perro. Más tarde se encontró vagando por las calles, cubiertos de sangre. En el juicio, fue absuelto por demencia.

Julia

En 2008, el Dr. Richard E. Gallagher, psiquiatra y profesor asociado en psiquiatría clínica de la Universidad Médica de Nueva York, documentó el caso de una paciente conocido como “Julia”, a quien se deducía poseída por demonios. Es raro que un científico y psiquiatra reconozca la posibilidad de una posesión, ya que por lo general los médicos piensan que la posesión es un fraude o es resultado de una enfermedad mental.

Gallagher, durante el caso, observó elementos que volaban alrededor de la sala, a Julia levitando sobre la cama, hablar en lenguas desconocidas, y tener conocimiento sobre cosas personales de gente a su alrededor que no podría haber sabido. He aquí un extracto de la declaración de Gallagher:

images“Periódicamente, en nuestra presencia, Julia entraba en un estado de trance de carácter recurrente. Las personas con trastornos mentales suelen tener una serie de pautas parecidas de comportamiento, pero en el caso de Julia, sus momentos de trance eran acompañados por un fenómeno inusual: de su boca salían improperios y amenazas, lenguaje escatológico y frases como “Déjala en paz, idiota” , “Ella es nuestra”, “Déjalo, no puedes curarla”, o simplemente, “Vete” ‘. El tono de la voz difería notablemente de la propia Julia, sonando  gutural y masculino”.

Desgraciadamente buscando por la red no he podido encontrar que ocurrió con Julia, si su caso se solucionó o no, es algo desconocido.

*Algunas de las imágenes que acompañan esta entrada (como algunas de la anterior y de la parte III) no se corresponden con los casos reales, ya que no se encuentra material fotográfico sobre ellos.

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