La Mansión Lalaurie

Nueva Orleans. 1835. Los secretos que oculta una lujosa casa regentada por la clase alta salen a la luz… Y tal vez hubiera sido mejor que no.

Todo comienza en 1831 con el matrimonio de los Lalaurie. Delphine y Louis acababan de comprar una lujosa casa en el 1140 de la calle Royal, en el corazón de Nueva Orleans, ciudad siempre rodeada de leyendas y misterios. Gracias al trabajo de médico de Louis, la fama de los Lalaurie subió como la espuma, y todos querían formar parte del círculo de amistades de los recién llegados. Para poder hacerse cargo de tan importante estatus, los Lalaurie reformaron de arriba a abajo su enorme mansión y contrataron una ingente cantidad de esclavos para poder llevar a cavo fiestas, guateques y demás reuniones festivas.

En un principio todo era normal, hasta que un día comenzaron las sospechas de que no era oro todo lo que relucía en aquella casa. Cuentan los testimonios que una de las sirvientas, mientras peinaba a Delphine, la hizo daño con un comprensible tirón de pelo, y la ama, enfurecida, la persiguió por toda la mansión hasta que la sirvienta acabó defenestrada. Las autoridades hicieron oídos sordos a los testimonios debido a las influencias de contactos de los Lalaurie, y el suceso no pasó más allá de una multa económica.

Pero no acabó ahí….

1140_Royal_Street

La mansión Lalaurie en la actualidad

Tiempo después se sucede un terrible incendio que los bomberos difícilmente consiguieron sofocar… Y ojalá hubieran fallado en su trabajo, pues lo que encontraron no era más que la mayor crueldad que podrían encontrar en una casa. El incendio fue provocado por uno de los sirvientes harto de sufrir las vejaciones de sus dueños. Sabía que el daño más fuerte que podría hacer era al bien más preciado de sus amos: su hogar. Al sofocar el infierno, los bomberos encontraron el horror: en las habitaciones y zonas más alejadas de la casa se encontraban celdas y celdas llenas de esclavos mutilados, sangrando, sin miembros. Agonizaban los que aún tenían un poco de aire en sus pulmones. Otros no tenían tanta suerte. Asomaban sus extremidades cercenadas y los insectos cubrían los cuerpos descarnados. Parecían ser coballas humanas, llevadas a cabo por los Lalaurie.

Como cobardes, los Lalaurie huyeron rápidamente del lugar y nunca jamás volvieron a ser vistos. Aún así la casa quedó marcada. Durante años estuvo vacía siendo habitada por mendigos que entraban pero que jamás salían. Cuentan que muchos años después un acaudalado, haciendo caso omiso de las historias que se contaban, acerca de gritos y sollozos desde el interior, compró la mansión para vivir en ella. Duró poco más de tres meses. Se dijo que se vieron sombras, espíritus enfurecidos, espíritus que hoy día siguen vagando por ese lugar sin descanso, víctimas de un dolor y una tortura que nunca merecieron…

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