El Hombre del Saco

Todas las historias tienen un origen. Esta vez, nos adentramos en una historia que además de generar nostalgia y una leve sonrisa en todos los que fuimos niños, también nos trae una aterradora verdad….

Muchos piensan que simplemente es una historia para asustar a los más pequeños de la casa para que se duerman rápido, o se coman las verduras. Pero es real. Todo se basa en un suceso acontecido ni más ni menos que en 1910, y que posiblemente sea el germen de cientos de historias, con diferentes personajes pero la misma esencia de terror. Hablamos de el hombre del saco. El paso del tiempo ha borrado la pista de la verdad, pero siguiendo la ruta del folklore castellano, llegamos a la zona de Almería, la provincia de Gádor. Allí todo tuvo lugar y marcó este apacible pueblo para siempre.

Bernardo Martínez Parra. 7 años. El destino le hizo el desgraciado protagonista de esta historia. El pequeño infante jugaba tranquilamente con sus amigos en el campo, hasta que los perdió de vista. En la otra punta del lugar, en pleno pueblo de Gádor, dos habituales de la zona, Francisco Leona y Julio González, conocidos como el barbero y el tonto, estaban preparando la caza.
Bernardo, recién apartado de sus amigos, caminaba perdido por el campo. De repente, el tonto lo agarra por detrás y lo deja inconsciente con un trapo con cloroformo, introduciéndolo después en un saco. Lo lleva hasta el Cortijo de San Patricio, donde le espera su socio, el barbero. Allí no están solos, sino que también se encuentra, en una esquina, convaleciente y muy débil, el moruno, que padece de tuberculosis. Con el niño despierto y sollozando por estar con su madre, los dos asesinos cortan la axila del pequeño, brotando rápidamente sangre que es recogida en un vaso que degusta, aún caliente, el moruno.

Se decía que el remedio perfecto contra la tuberculosis era la sangre y las mantecas de un niño sano.

cortijosanpatricio

Restos destruidos de el cortijo de San Patricio

Ya medio muerto, por culpa de un golpe en la cabeza con una piedra por parte de el tonto, colocan el cuerpo de Bernardo junto al de el moruno, en una amplia mesa. Ahí y sin dudarlo un segundo, abren las tripas del niño, sacan sus mantecas y las ponen en el cuerpo de el moruno, que se siente recuperado según pasan los minutos. El cuerpo es ocultado en una pequeña cueva, dentro de un saco. Según pasan los días y el pago por la curación es efectuado, el barbero intenta engañar a el tonto con las monedas, por lo que este último, enfadado, va a la policía a confesar haber visto “un pie de niño” en una cueva cercana. Tras la investigación los tres implicados acabaron en la cárcel. Leona murió en la cárcel, supuestamente envenenado. el moruno por garrote vil, y el tonto consiguió el indulto.

Esta historia fue cayendo en el olvido sobre todo durante principios del siglo XIX, en los albores de la revolución industrial. Se decía que había hombres del saco que raptaba a los niños para, utilizando sus mantecas, engrasar la maquinaria. Esta historia, falsa, sirvió para desprestigiar la historia real.

A día de hoy, los vecinos de Gádor evitan el cortijo de san Patricio, ya que los gritos del pequeño Bernardo, aún persisten.

El Coco, es el miedo en sí mismo. Cuando a cada uno de nosotros nos dicen, cuidado con el Coco, es nuestra percepción del miedo lo que interpretamos por Coco. Las arañas, los fantasmas, la soledad… Cada uno tiene su propio Coco. Sí nos referimos al hombre del saco, nos estamos refiriendo al miedo a ser secuestrados, apartados del mundo, por culpa de un hombre oscuro, para nunca volver a ser vistos.

Fuente: Paco Pérez caballero. El hombre del saco.

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