El golem de Praga, baluarte del judaísmo (1)

Esta es una de las leyendas que más me ha llamado la atención en cuanto al judaísmo, y en general en cuanto a la religión. Doy gracias por haber podido pisar, en un viaje que hice, el mismo suelo que esta mítica criatura.

Para entender esta leyenda tenemos que irnos la Praga de 1580, donde había ciertos sectores que se oponía al judaísmo, como era el encabezado por el sacerdote Tadeo, que no hacía otra cosa que crear conflictos, desunión y odios irreconciliables. El rabino Löw, recibió en sueños un mensaje que consideró divino:

Crearás un golem de barro y exterminarás a la miserable chusma devoradora de hebreos

De esta manera, siguió a rajatabla estas palabras, por lo que se puso en contacto con su yerno y su discípulo haciéndoles partícipes del secreto e instándoles a que le ayudasen. Los tres se pusieron manos a la obra, simbolizando cada uno un elemento: agua, fuego y aire, y entre todos crearían al golem con el cuarto elemento: la tierra.

El primer paso es que esas tres personas pasaran por diversos rituales de purificación, y el segundo era acudir a las orillas del río Moldava en busca de barros. Por la noche, recogieron el lodo mientras realizaban unos cánticos religiosos y le empezaron a dar forma humana con unas varillas, creando finalmente un cuerpo tumbado pero inerte. Aún estaba incompleto.

220px-Golem_by_Philippe_SemeriaEl siguiente paso fueron las palabras en forma de ensalmo que recitó un sacerdote sobre el cuerpo de la criatura mientras daba siete vueltas comenzando por la derecha. Fueron unas palabras muy concretas que le dijo el rabino Löw, ante las cuales el golem se volvió de un color púrpura muy vivo, color que fue cesando mientras se realizaban actos similares por parte de los tres integrantes, dando paso finalmente al pelo y las uñas en el cuerpo del golem hasta que el rabino insertó una papel con el nombre de dios en la boca del ser. El golem abrió los ojos y miró a su alrededor.

El rabino Löw le nombró Josef, le ordenó que se levantase, y éste obedeció. Le vistieron como uno más y le dieron la misión de proteger a los judíos. El golem no podía hablar, pero podía asentir ante las ordenes de su creador, por lo que asintió y lo acogió en casa explicando a su familia que era un transeúnte que le inspiró pena.

El resto de aventuras y desventuras de Josef, me dará para otra entrada, y además es un buen pretexto para mantener vuestra atención.

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