El extraterrestre de Casar de Cáceres

Una vez más parece que en España nos avergonzamos de nuestros misterios, que en otros países fascinan y si fueran una estela estadounidense, se le hubiera dado mucho más bombo. Como pasó con Sautuola y Altamira, y tantos otros, parece que nos infravaloramos. 

Vayámonos por tanto a la localidad extremeña de Casar de Cáceres, donde hace más de 2000 años pugnaban romanos y celtíberos en una época un tanto turbulenta. No sabemos el propósito exacto, pero lo cierto es que en esa edad fue esculpida una losa tan enigmática como interesante. Hoy en día está expuesta en el Museo Arqueológico de Cáceres, entre el olvido y los repuntes en las visitas gracias al programa Cuarto Milenio, que revivió la leyenda recientemente. Pero nada de esto sería mencionado sin las pesquisas de Ricardo Hurtádo, epigrafista, historiador, y sobre todo entusiasta de su tierra. Él sacó a la luz un libro llamado “Las edades de Cáceres: el extraterrestre y otros relatos”, cuya portada copaba este mítico ser en piedra.

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Si bien en un principio fue hallada por un campesino sin poder darle explicación, y cedida más tarde a las autoridades incluso eclesiásticas, finalmente acabó en la tapia del cementerio local, siempre desconociendo el significado de la extraña figura y de las inscripciones que posee. Pues bien, fue Ricardo Hurtado quien se atrevió a dar una posible explicación, y haciendo uso de toda su valentía lo reconoce “es un extraterrestre”. Y razón no le falta para decir eso, ya que podemos observar rasgos muy raros para un ser humanos de la época celtíbera, como una cabeza un tanto grande que parece embutida en una escafandra, un cuerpo casi tubular sin nuestras características curvaturas debido a cintura y caderas, unas piernas algo cortas y finalmente lo que parecen unas botas. Cuenta que en la época de su descubrimiento los niños le tiraban piedras, y las damas enlutadas se santiguaban al pasar a su lado, y este astronauta colocado en un lugar al que no pertenece, no podía más que devolverles una complaciente sonrisa.

Respecto al texto críptico, al parecer estaría en latín, y nos hablaría de que este ser fue protegido por una familia humana pudiente (uno de sus integrantes se llamaba Ilucia) ya que en esas épocas remotas y belicosas corría grave peligro. Al marcharse de nuevo en su nave dejó su impronta, en una fotografía en piedra con una inscripción cuya traducción aproximada sería:

El día del viaje, mi imagen permanecerá.

Dedicado a Ilucia, esposa, madre amantísima.

En la día 8 de noviembre la nave ascendió.

Este enigma es sin duda apasionante, y aunque no podamos tener mayores pruebas que el testimonio pétreo de este ser, llama la atención su coincidencia más que notable con el llamado “astronauta de Nazca”, que podéis contemplar en otro de mis artículos. Quien quiera agarrarse al negacionismo podrá decir que lo que vemos en la losa es un guerrero, y el mensaje es una especie de epitafio, pero hay cosas que no encajan. Yo prefiero pensar, haciendo uso de mi libertad, que se trata de un ser que, sonriente, nos visitó en son de paz, pero que quizás al ver lo turbulento que era el ser humano decidió regresar a su planeta no sin antes agradecer a sus protectores.

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